IRÁN CANCELÓ RETRANSMISIÓN POR ASISTIR MUJERES

 #یک_مملکت_چند_دولت؟!
ÁNGELES ESPINOSA/EL PAÍS
Las iraníes han entrado finalmente este miércoles junto a los hombres en el estadio Azadí de Teherán, para ver el partido entre Irán y España sobre una pantalla gigante. Pero ha sido una tarde de infarto. Ilusionadas las aficionadas habían comprado entradas para un evento inusual en un país que prohíbe a las mujeres asistir a los encuentros entre equipos masculinos. Esta vez sólo iban a verlo por televisión, pero podía ser un primer paso. A las puertas del campo, la policía les ha impedido la entrada. Firmes, las mujeres y sus acompañantes se han sentado en el suelo plantando cara a los agentes. Cuando faltaba menos de una hora para que empezara el duelo, les han abierto las puertas.

A la hora en que el estadio Azadí de Teherán iba a abrir sus puertas a mujeres y hombres para que asistieran juntos a la retransmisión del partido entre Irán y España, un fuerte dispositivo policial ha impedido el acceso al recinto. Las redes sociales se han llenado de quejas de aficionados, y sobre todo aficionadas, que se sentían frustrados por las expectativas rotas. Adiós a la ilusión de que la cita fuera el primer paso para acabar con la anacrónica prohibición de que las mujeres asistan a encuentros entre equipos masculinos.

“Se cancela la retransmisión del partido entre Irán y España en el estadio Azadí”, ha reconocido la agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria (Pasdarán). Este medio, que cuenta con buenas fuentes de información, atribuía la suspensión a “problemas de infraestructura”. Pero existe la sospecha generalizada de que algo ha tenido que ver la rivalidad entre los sectores más ultraconservadores del régimen y el Gobierno relativamente moderado de Hasan Rohani.

 España Iran
Esa impresión ha sido confirmada por el diputado reformista Mahmud Sadeghi. “El gobernador [de Teherán] emite la autorización y el cuerpo especial de policía impide la entrada de la gente”, ha tuiteado en referencia a los Pasdarán y bajo la significativa etiqueta “¿un país, cuántos gobiernos? ( #یک_مملکت_چند_دولت؟!). Dado el férreo control de los medios de comunicación iraníes y que, desde las protestas de principios de año, se ha extendido también a las redes sociales, no cabe esperar quejas mucho más explícitas.

“¡Eh señor estadio Azadí! ¿no le da vergüenza su nombre?”, tuiteaba por su parte un usuario identificado como Saji, en referencia al nombre del centro deportivo que en persa significa Libertad.

“El estadio se abrirá a partir de las seis y media de la tarde a las familias para ver a las selecciones de Irán y España”, había anunciado el director del complejo deportivo Azadí, Naser Mahmudifard, en una entrevista con la agencia ISNA.

Ese “a las familias”, dejado caer como de paso, era lo más importante de su anuncio. Significaba que las mujeres iban a poder entrar en el recinto para ver el partido, aunque fuera para una retransmisión televisada. Las iraníes tienen vetada la presencia en los partidos masculinos desde poco después de la revolución de 1979. Las activistas están aprovechando el Mundial para dar visibilidad internacional a su campaña por el derecho a acceder a los estadios.

Algunos analistas opinaban que permitir que la retransmisión del partido fuera un evento familiar podía rebajar la presión de la opinión pública ante esa segregación anacrónica que hasta su rival Arabia Saudí ha levantado este año. Según un sondeo llevado a cabo por ISNA en septiembre del año pasado, el 61,1 % de los iraníes está a favor de que las mujeres puedan acceder a los estadios.

Pero tanta liberalidad se ha probado excesiva para los ultras del régimen. Sólo así se explica el repentino cambio que se ha producido, con todas las entradas vendidas y cuando la mayoría de quienes las habían adquirido ya estaba de camino al estadio.

“Estoy muy emocionada”, había confesado a EL PAÍS poco antes R., una activista que pensaba acudir al Azadí por primera vez, aunque advertía de que el evento no acababa con la prohibición a presenciar partidos en directo. Pero ni siquiera esa pequeña ilusión de ver la retransmisión en una pantalla dentro del estadio ha podido ser. Al igual que sucediera con las expectativas frustradas cuando al final de la presidencia de Mohamed Jatamí se les permitió presenciar la segunda parte de un clasificatorio para el Mundial de 2006 o con la promesa al respecto del populista Mahmud Ahmadineyad, son otros centros de poder los que tienen la última palabra.