Raghuram Rajan: "El Fondo tendrá en cuenta las preocupaciones del Gobierno"

GOBIERNO, FMI
Rafael Mathus Ruiz / LA NACIÓN



WASHINGTON.- Raghuram Rajan fue uno de los economistas que vio venir la crisis financiera global, allá por 2005, cuando era economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Su fama creció en 2013, cuando se hizo cargo del banco central de la India en un momento difícil: había una inflación de dos dígitos, la rupia caía y el país estaba entre los "cinco frágiles" emergentes, que sufría por el repunte de la tasa de interés en Estados Unidos. Cuando dejó el banco, tres años después, la inflación había caído a la mitad, y la rupia se había recuperado a la par de la confianza de los inversores.

Días después del regreso de la Argentina al Fondo en busca de fondos frescos, Rajan -amigo de Federico Sturzenegger, con quien cursó en el MIT- aporta en una entrevista con LA NACION definiciones sobre la actualidad del país, y brinda un vistazo a cómo podría ser el acuerdo stand by que busca el Gobierno con el Fondo para paliar el azote del mercado.

Rajan, quien regresó a enseñar a la escuela de negocios de la Universidad de Chicago, cuna del neoliberalismo, dice que el Fondo no exigirá ajustes "muy, muy duros" o pedirá una devaluación, y y tendrá en cuenta las "preocupaciones" del gobierno de Mauricio Macri sobre "lo que se puede y lo que no se puede hacer" a la hora de diseñar el programa que acompañará el acuerdo."No esperaría de inmediato términos de austeridad muy, muy duros. Ese podría haber sido el FMI del pasado", apunta Rajan.


El economista indio dijo que el Gobierno y el Fondo tienen que trabajar en un programa "creíble" que ayude a recuperar la confianza de los mercados. Las condiciones, dijo, ahora "se imponen menos desde afuera, y se discuten más con el país". Apuntó a dos áreas para recuperar credibilidad: el déficit fiscal, dijo, tiene que ser llevado a una línea "donde los mercados se sientan cómodos", y el Banco Central debe dejar de financiar al Tesoro.

-¿Cómo ha cambiado el FMI?

- Creo que uno de los grandes puntos de inflexión fue la crisis asiática, cuando el FMI recibió muchas críticas por los programas de austeridad que había puesto en marcha. Los críticos dijeron que el déficit fiscal no era el problema más grave en el caso de algunos países. El enfoque tradicional del FMI no estaba justificado. Pero ésa no fue tanta la preocupación que provocó el cambio como la opinión de que el grado de microgestión de la condicionalidad había aumentado enormemente. Decía muy cuidadosamente hay que hacer esto, esto, esto y esto, algo que a menudo iba en contra de lo que el ambiente político permitía. Ese tipo de críticas, el Fondo las tomó muy a pecho y con el tiempo se movió a prestarle más atención a la situación del país, y darle más espacio para armar el programa que desea. Además, en los últimos años, el Fondo se ha vuelto menos positivo sobre la apertura financiera, y pedir libre flujo de capitales, y ha puesto más atención a problemas como la desigualdad.


-¿Eso significa una condicionalidad más suave?

-Yo diría que trata de trabajar mejor con el país, en lugar de imponer desde afuera qué es lo que debe hacer. Intenta respetar algunas de las sensibilidades dentro del país, y cómo se quiere protegerlas. Pero, en última instancia, tiene que haber algunas metas que los programas intenten alcanzar para que sea un marco creíble para que los mercados crean, y hacia el cual el país trabaje. Estaría de acuerdo en que la condicionalidad se impone menos desde afuera, y se discute más con el país, según las prioridades del país. Para algunos, el valor del programa es que brinda el tipo de marco de lo que el país está tratando de lograr, y si el país lo usa bien puede ser muy útil porque puede enviar una señal fuerte a los mercados.

-¿Qué condiciones esperaría de un acuerdo stand by?

-En última instancia, los objetivos de cualquier tipo de condicionalidad no son sustituir la voluntad soberana del país, sino garantizar que la ayuda sea temporal, y no necesaria de forma temporal. La idea es poner al país nuevamente en pie, permitirle recuperar el acceso total a los mercados financieros y hacer esto sin un ajuste extremadamente doloroso. Si existe una preocupación por la sustentabilidad de la deuda, entonces necesitamos un sendero fiscal que garantice que la deuda sea sostenible y se recupere el acceso a los mercados. Entonces, ¿qué hay que hacer inicialmente? Podemos hacer "B", pero con el tiempo podemos hacer "D". El FMI trabajará con el país y lo negociará, y algunas medidas pueden ser contingentes.

-¿El Fondo puede pedir una devaluación?

-El Fondo pedía metas del tipo cambio hace 20 años. Al FMI le gustaría que los mercados, en cierta medida, encuentren el nivel con el que se sienten cómodos y luego esa sea la base para estabilizar el tipo de cambio. Pero la clave no es tanto encontrar un valor para el tipo de cambio, algo que creo el FMI no hará, o insistir en que haya una depreciación significativa, sino un programa que de algún modo establece una política que el país seguirá para recuperar el acceso a los mercados. En el caso de la Argentina, lo más importante será la credibilidad para el marco de metas de inflación, credibilidad para la política del Banco Central. Esas son las cosas en mi mente que, en la medida en que un programa del FMI pueda ayudar a fortalecer la credibilidad, será beneficioso. Pero no creo que el FMI diga, usted necesita devaluar, o necesita devaluar en esta magnitud. Eso solía ser cuando teníamos tipos de cambio fijos, hace muchos años.

-¿Cómo se recupera esa credibilidad?

-Creo que gran parte de eso tiene que ver con el propio Banco Central, enfatizando que los objetivos que el gobierno ha establecido serán, de hecho, alcanzados. Tiene que haber una sensación suficiente en el mercado de que se alcanzarán las metas. Y uno de los factores más importantes en cuanto a si los objetivos se lograrán es, de hecho, si el déficit fiscal será llevado a un nivel más razonable. Tiene que ser llevado a una línea donde los mercados se sientan cómodos. Y, en segundo lugar, mi conjetura es que, en general, el Banco Central se retire de financiar el déficit fiscal, por lo que retirar totalmente al Banco Central de la financiación del déficit fiscal ayudará a crear un espacio con el Gobierno.

-¿El informe del artículo IV da una idea de lo que puede pedir el FMI?

-Es un reflejo algunas de las creencias en el FMI, de cuáles son los factores importantes para llevar al país a un marco más estable. Es un aporte, pero ha pasado bastante tiempo desde que fue escrito. El contexto externo, la apreciación del dólar y la sensación de que el aumento en las tasas de interés está subiendo. Algo de eso era conocido. Mi sensación es que lo que sucederá es que potencialmente será algo sobre lo que puedan construir, pero también tomarán en cuenta el cambio en las circunstancias externas. Y, lo que es más importante, las preocupaciones del gobierno. Porque, claramente, el gobierno tendrá puntos de vista sobre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, y el programa de resultados se basará en esa discusión.

-En la Argentina existe el temor de que el Fondo pedirá ajustar jubilaciones, salarios y programas sociales.

-Sería razonable decir que el Fondo es consciente de lo que se debe hacer técnicamente, pero también de que tiene que ser políticamente viable y aceptable. En cierto modo, es difícil de encontrar un gobierno que esté más interesado en avanzar en el camino de crear una economía viable que el que la Argentina tiene ahora. Pero, claramente, habían operado como si hubieran tenido más tiempo para establecer esa viabilidad, arrancando, por supuesto, con una situación muy difícil. El FMI tiene que trabajar con eso y respetar algunas de las opiniones que presentarán sobre lo que es factible para desarrollar un programa que funcione para ambas partes. No esperaría de inmediato unos términos de austeridad muy duros. Ese podría haber sido el FMI del pasado. Al mismo tiempo, diría que el Gobierno y el FMI deben trabajar juntos para armar un programa creíble que garantice que la Argentina recupere el acceso a los mercados lo antes posible. Tener un programa que no logre eso no está en el interés de nadie

-¿Va a empeorar el contexto internacional?

-Mucha gente estaba pronosticando un dólar más débil y se han sorprendido del fortalecimiento del dólar. Permítame no decir dónde irá el dólar, y decir que casi seguramente veremos un entorno de tasas de interés en alza durante el año. La Reserva Federal ya ha declarado lo más claramente posible que se encuentra en ese camino. Creo que, con el tiempo, las tasas de interés de largo plazo responderán. En un entorno de tasas de interés en aumento, estamos bajo más presión. Deja menos espacio para que los países cometan errores. Muchos emergentes han reducido el déficit de la cuenta corriente, la inflación y los déficits fiscales, y están en una situación mejor. La Argentina llegó tarde en el ciclo, comenzando en 2016, por lo que ha sido un período de tiempo más corto para tener las cosas bajo control, pero con suerte lo hará.

-¿Y cómo ve la situación actual en la Argentina?

-Tengo una gran admiración por lo que el Gobierno y el Banco Central están tratando de hacer, y espero que encuentren el respiro en los mercados financieros para recuperar el equilibrio que la Argentina merece. Es duro. Federico Sturzenegger es amigo mío del MIT, estábamos en la misma clase. Tuve una experiencia similar en la India. Es un economista experimentado muy capaz, y creo que trabajarán para hacer lo correcto.

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