La cultura en Cataluña, gran beneficiada por el Estado

N. PULIDO/I. MARTÍN RODRIGO/J. G. CALERO - ABC
Dalí nombró heredero universal al Estado español, que repartió las obras entre el Museo Reina Sofía y la Fundación Gala-Dalí de Figueras - EFE

La mañana del 31 de enero de 1994 las llamas que consumieron el Liceo despertaron la solidaridad ante una tragedia cultural en toda España, que encontró rápidamente un tercio de los 22.000 millones de pesetas (132,2 millones de euros) que costó la restauración del Gran Teatro barcelonés. Desde entonces se hizo más intensa, en una proporción incompatible con las mentiras del «España nos roba» del secesionismo, la cooperación española con la cultura de Cataluña, que se ha beneficiado siempre –incluso en lo más duro de la crisis económica– de la financiación y el apoyo del Estado en todos sus ámbitos.

España no tiene problemas para valorar la cultura catalana. No en vano, la magnífica película elegida para representar a España en los Oscar está rodada en catalán, «Verano 1993», prueba evidente de que el victimismo nacionalista no tiene fundamento y de que los puentes no pueden cortarse sin más. Sería imposible cortarlos sin desgajar todo el legado Dalí –el pintor hizo heredero al Estado español de toda su obra– o fondos tan importantes como el Archivo de la Corona de Aragón.

Un repaso más a fondo resulta abrumador. No solo el Ministerio de Cultura forma parte de los órganos de Gobierno del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) o el Liceo. Es el propietario de instituciones como el citado Archivo de la Corona de Aragón, así como de otros centros en los que se ha cedido la gestión a la Generalitat, como los Archivos provinciales de las cuatro provincias catalanas y las bibliotecas públicas de Lérida, Gerona y Tarragona, o el Museo Arqueológico de esta última ciudad. También forma parte el Ministerio de la Fundación Miró y del Consorcio del Palau de la Música, este último gestionado con más que dudosas prácticas por la Generalitat, como todos recordamos y se investiga en los juzgados.

Subvenciones nominales

El año pasado, Cataluña recibió 16,3 millones de euros en subvenciones nominales para entidades como el Archivo de Gerona, Museo Dalí de Figueras, obras en la Seu de Urgell y la Seu Vella de Gerona, el Teatro Lliure, la Fundación Pau Casal, la Antoni Tàpies, el Mercat de les Flors... La lista de instituciones que necesitan esa fuente de financiación para mantener sus actividades es interminable. A estas se suman las subvenciones otorgadas en concurrencia por el Ministerio a producciones cinematográficas y escénicas a través del ICAA y el INAEM.


Por si esto fuera poco, los programas estatales han permitido las giras de compañías nacionales en Cataluña (en el último año actuaron en la Comunidad Autónoma la Compañía Nacional de Teatro Clásico, la de Danza y el Centro Dramático Nacional), pero también existe un programa llamado Platea, por el que 59 compañías catalanas han podido realizar giras por toda España con más de 170 actuaciones y una impresionante taquilla de más de 70.000 euros.

Las filmotecas Española y de Cataluña colaboran de continuo y museos como el Reina Sofía y el MACBA programan actividades conjuntas desde hace tiempo. Tres importantes exposiciones han itinerado por Cataluña gracias al impulso ministerial en el último año y los préstamos del Prado y el Reina Sofía se cuentan por decenas en los últimos meses para infinidad de muestras organizadas por entidades catalanas.

Dos datos más sobre la política cultural, de diferente signo: por un lado, para mostrar la vigencia de los puentes culturales, recordar que España aprobó el pasado 5 de octubre presentar a Patrimonio Mundial la candidatura del «Priorat Montsant Siurana, mosaico mediterraneo». Será elevada a consideración de la Unesco en febrero de 2018 y evaluada en 2019. Por otro, debido a la cerrazón nacionalista, cabe recordar que el Museo Diocesano de Lérida expone los bienes de la Franja de Poniente en contra de sendas sentencias judiciales firmes de tribunales civiles y eclesiásticos, y la Consejería de Cultura se ha negado siempre a cumplirlas, a pesar de los exhortos de la Curia y la justicia española. Pero no son las únicas obras de arte que han tenido problemas en Cataluña, como veremos.

Un cuadro «secuestrado»

Los tres grandes museos estatales españoles (Prado, Reina Sofía y Thyssen) siempre han mantenido una estrecha relación con los museos e instituciones culturales catalanes. De hecho, los tres tienen importantes depósitos de obras en Cataluña. Concretamente, el Prado tiene cedidas a esta Comunidad Autónoma 122 obras, repartidas entre Barcelona (11 en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, MNAC; 4 en Pedralbes, 39 en la Universidad Central, etc), Figueras, Gerona, Lérida, Perelada, Sitges y Sabadell.

El Thyssen, por su parte, mantiene el depósito de 55 obras de la histórica Colección Thyssen, que el Estado español adquirió al barón en 1993 y que se renueva periódicamente. Entre ellas figuran obras maestras como «La Virgen de la Humildad», de Fra Angelico. Primero estuvieron en el Monasterio de Pedralbes y después pasaron al MNAC. Según Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, influyó en que llevara a cabo este depósito «el hecho de que Carmen Thyssen naciera en Barcelona y el interés de las autoridades políticas catalanas por exhibir parte de la colección. Nunca ha estado en discusión. Como Cataluña va a seguir formando parte de España, este depósito es inamovible». Además, la baronesa Thyssen también tiene cedidas obras de su colección en Cataluña.

El Reina Sofía, por su parte, tiene cedidas 4 obras de Sert al Ayuntamiento de Vic; dos de Juan Gris al MNAC (es un depósito por tres años) y un lienzo muy importante de Ramón Casas, «La carga», al Museo Comarcal de la Garrotxa de Olot. Como curiosidad, este museo «tiene secuestrado» el lienzo en una sala de la que, al parecer, no puede salir sin destrozar el espacio. Su propietario, el Museo Reina Sofía, lo reclamó para una exposición temporal y no fue posible. A todo ello hay que sumar las numerosas obras propiedad del Estado español que cede habitualmente para exposiciones en Cataluña.

Sector editorial

Si hay un sector cultural en el que Cataluña ha brillado en España es el editorial. Además de los dos grandes gigantes, Penguin Random House y Planeta, en Barcelona opera la mayoría de las pequeñas y medianas editoriales que conforman la industria: Acantilado, Alpha Decay, Anagrama, Libros del Asteroide, Blackie Books, Salamandra, Malpaso, Galaxia Gutenberg, Ático de los Libros, Edhasa, RBA… El 10 de octubre, Planeta anunció el cambio de su sede social de Barcelona a Madrid. Ese día, fuentes de Penguin Random House dijeron a ABC que, en el caso de que hubiera cambios, evaluarían la situación y tomarían «todas las medidas necesarias para defender los intereses de autores, lectores y empleados».

En lo que a cifras estrictamente respecta, la producción está liderada por Madrid y Cataluña, que condensan más del 62% de la edición nacional. Si de ventas hablamos, que es de lo que vive el sector, en 2015 –último año del que se tienen datos– se facturaron en España 2,25 millones de euros. Las editoriales asociadas a los gremios de Cataluña y Madrid están a la cabeza de esa cifra, con el 92,9% de los ingresos –el 49,5% Cataluña y el 43,4% Madrid–. El libro en catalán representa el 45,5% de ese mercado. En 2015, las lenguas de edición más utilizadas fueron, por este orden, el castellano, el catalán y el inglés. En concreto, ese año se publicaron 62.526 libros en castellano y 7.346 en catalán.

Cataluña, que tiene 480 librerías –el 12,6% del total– vive su gran fiesta del libro con Sant Jordi, celebrado el 23 de abril en Barcelona. En el último, la facturación llegó a los 20,96 millones. La diferencia de ventas con la Feria del Libro de Madrid es de 11 millones de euros. Ante la deriva secesionista, Antoni Daura, presidente del Gremio de Libreros de Cataluña, se manifiesta «como catalanista y aunque Cataluña tuviera la independencia, nosotros como libreros vamos a seguir vendiendo libros en castellano, catalán o lo que sea. Ambas lenguas comparten espacio público. Que una empresa se vaya por cuestiones más políticas que económicas, es una decisión que toma con libertad y a nosotros no nos tiene que afectar. En una Cataluña independiente tiene que haber un libre movimiento de capitales, mercancias, relaciones personales... Estamos muy tranquilos». En contraposición, a Daniel Fernández, editor de Edhasa y presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, se le hace «difícil pensar cómo puede acabar afectando todo esto al mercado. Es muy difícil calibrar cómo puede influir en el consumo que la realidad pese tanto. Lo que está claro es que la inestabilidad jurídica y política puede favorecer los movimientos empresariales».

Dalí nombró al Estado español heredero universal

Siempre se consideró español. Salvador Dalí murió el 23 de enero de 1989. No dejó de sorprender ni siquiera tras su muerte. La lectura de su testamento (redactado el 20 de septiembre de 1982, que anulaba uno anterior fechado en 1980) cayó como una bomba en Cataluña: desheredaba a la Generalitat y dejaba como heredero universal de sus bienes –tanto muebles como inmuebles: casas, cuadros...– al Estado español. Dalí había hecho llamar desde el castillo de Púbol a José María Foncillas, notario de La Bisbal. Incluyó en la tercera cláusula del testamento lo siguiente: «Instituye heredero universal y libre de todos sus bienes, derechos y creaciones artísticas al Estado Español, con el fervoroso encargo de conservar, divulgar y proteger sus obras de arte». Las relaciones del artista con la Generalitat no pasaban por su mejor momento. El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, no se lo perdonó: «Nos sentimos engañados» El entonces conseller de Cultura, Max Cahner, calificó a Dalí de cobarde y al Ministerio de Cultura como «las fuerzas de ocupación».

En enero de 1990 se llegó a un pacto oral entre el Ministerio de Cultura (con Jorge Semprún al frente) y la Generalitat catalana (Joan Guitart era el conseller de Cultura), que se ratificaría dos años más tarde, según el cual el legado artístico se repartiría entre el Museo Reina Sofía y la Fundación Gala-Dalí de Figueras, aunque la titularidad de todas las obras seguiría correspondiendo al Estado español.

Una comisión de expertos decidió que 56 obras fueran al Museo Reina Sofía, entre ellas obras maestras como «El gran masturbador», y 134 a la Fundación Gala-Dalí de Figueras, con piezas tan relevantes como «Maniquí barcelonés». Fue un reparto razonable y equitativo. La Fundación Gala-Dalí de Figueras, creada en 1983, siempre ha respetado el testamento del artista. El que fuera su presidente, Ramón Boixadós, fallecido en agosto de este año, dijo en su día: «El Estado es el amo y ya está».

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