Xi Jinping puede reformar al régimen

LA GRAN ÉPOCA
Sobre el papel, el jefe del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, no tiene ninguna necesidad de afirmar su condición como líder máximo de China.
El líder del partido comunista, Xi Jinping en una caravana saludando a los soldados en frente de la Plaza Tiananmen y la Ciudad Prohibida en un desfile militar el 3 de septiembre de 2015 en Beijing, China.


Xi se encuentra a la cabeza de varias comisiones clave del partido que pueden superar al estado; él es el comandante en jefe de un ejército ahora leal a él; los cuadros rebeldes han sido purgados en su campaña contra la corrupción y ya se encuentra promoviendo a sus propios partidarios.


Aun así, Xi sintió la necesidad de asumir el título de líder “central” en una reciente reunión del Partido Comunista en Beijing, llamada la Sexta Plenaria. Este periódico anticipó el ascenso de Xi en la Plenaria de febrero.

El término tiene un estatus casi sagrado en el ateísta partido comunista. Uno puede ser un líder sin ser “el central”, pero un líder central en teoría no tiene que rendirle cuentas a nadie más.

Los cambios que esto traerá a China aún no están claros, pero la probabilidad es que Xi Jinping utilizará su recién adquirido poder para derribar al antiguo líder del Partido Jiang Zemin, que supervisó dos décadas de arraigada corrupción y una campaña política violenta contra uno de los mayores grupos espirituales de china. Dadas las múltiples crisis que el Partido Comunista enfrenta, Xi también puede aprovechar su nueva posición para permanecer en el poder más allá de su término designado, e incluso introducir reformas institucionales que cambien la cara política de China.


 El presidente chino Xi Jinping (der) y el secretario de la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria, Wang Qishan, en el Monumento a los heroes del pueblo durante una ceremonia el 30 de septiembre de 2014 en Beijing. (Feng Li/Getty Images)

El Significado de la palabra central

El título “central” o “Hexin” en chino, fue instaurada por Deng Xiaoping, el líder después de Mao, quien supervisó la modernización económica de China. Deng concedió el título de “central” póstumamente en Mao Zedong, y más tarde se le otorgó a su sucesor Jiang Zemin.

Jiang nunca paso el título de supremo líder a Hu Jintao, sin embargo, en lugar de eso lo restringió con el de “dirección colectiva” que fue la clave de Jiang para poder regir a través de sus representantes.

Mientras tanto, Xi Jinping, parece haber acumulado suficiente poder para apoderarse de la corona por sí mismo. Los signos de ascenso de Xi salieron a la luz este mes de enero, pero no fue hasta hace poco que se hizo oficial. La mano de Xi se reforzará aún más el año siguiente, cuando todos los principales líderes menos él y su primer ministro, Li Keqiang, se vean obligados a retirarse.


Desde que asumió el cargo, Xi Jinping ha dado indicios sutiles de que no está a favor de la política de Jiang en perseguir a Falun Gong y la cultura de corrupción fomentada por Jiang está llegando a su fin.

Con Xi insistiendo en la rendición de cuentas a los más altos niveles del liderazgo, Jiang y sus asociados pueden ser atrapados por la extraordinaria riqueza que le robaron al estado. “Los funcionarios que son corruptos no siempre son parte de la camarilla de Jiang Zemin”, dijo Li Tianxiao, un comentarista político independiente”, pero los funcionarios extremadamente corruptos por lo general lo son”. Los investigadores anticorrupción informan que pasan días, y utilizan varios camiones, confiscando el botín de los funcionarios vinculados con Jiang Zemin.

Como nuevo líder central en el Partido, Xi puede ahora tener la suficiente fuerza política y legitimidad para dar un golpe mortal a Jiang y poder enjuiciarlo y condenarlo.

 El líder del Partido Comunista chino, Xi Jinping, en el Gran Palacio del Pueblo en Beijing el 25 de marzo de 2016. (Lintao ZHANG / AFP / Getty Images)
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Final del juego

Pero para Xi centralizar el poder con el único propósito de arrestar a un predecesor o erradicar la corrupción no parece ser el final.

Uno de los peligros del título es que ahora podría ser culpado de todos los males de China, incluyendo la desaceleración de la economía y de los problemas sociales que datan de hace mucho tiempo.

Pero si desea reparar el sistema de gobierno chino, ese inmenso poder es una condición previa.

Indicios de un cambio sistémico han aparecido este año.

En agosto, Xi anunció una reorganización de la Liga Juvenil Comunista, que es estructuralmente similar a la del partido. Estudiosos del partido también han dado entrevistas con la prensa en el extranjero sobre el régimen mirando el “modelo administrativo de Singapur”. Un ex miembro del grupo de expertos de Hu Jintao, abordó el tema tabú de las reformas democráticas de Mikhail Gorbachev en una famosa revista financiera china.

 Los líderes del Partido Comunista Chino y de la Liga Juvenil Comunista participan de una conferencia para celebrar el aniversario número 90 de la fundación de la Liga Juvenil Comunista China en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 4 de Mayo del 2012. El 2 de Agosto el líder del Partido Comunista, Xi Jinping supervisó una restructuración de la Liga Juvenil. (Foto AP/Alexander F. Yuan)

Y Xi parece estar listo para hacer daño a la reputación del Partido. La cadena estatal, Televisión Central de China emitió recientemente una serie de confesiones de remordimiento de funcionarios de alto rango, destacando sus lujosos estilos de vida y la riqueza mal habida.

Dado que ningún sucesor ha sido todavía insinuado, es posible que Xi Jinping pueda estar preparándose para algún tipo de reforma institucional con el mismo en el centro.

“Xi está preparando llevar un cuchillo al régimen … y jugar un gran juego de ajedrez”, dijo Li Tianxiao.

Si Xi no tiene ningún heredero para ese tiempo el año que viene según las normas de sucesión, será casi seguro que sus ambiciones de liderazgo superan los dos términos estándar de cinco años de los líderes del partido. En ese momento, enfrente de un partido comunista desacreditado y la población enojada, Xi puede encontrar que su mejor opción radica en una reforma institucional mucho más grande, y tal vez se vea a sí mismo elegido como el primer presidente de una China poscomunista.

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