Sexo, mentiras y video en el umbral de la Casa Blanca

POR MARCELO TABORDA/LA VOZ DEL INTERIOR
Lo que se vio antenoche en un ámbito universitario de Missouri, entre las dos personas que aspiran a gobernar el país más poderoso del planeta, fue para muchos viejos analistas el debate más bizarro de la historia de ese país.
La ex secretaria de Estado no tardó en usar en el debate el escandaloso video con actitudes sexistas de su rival

El segundo round de una pelea de fondo pactada a tres, entre Hillary Rodham Clinton y Donald Trump se pareció más a un espectáculo de pressing catch (la versión norteamericana y ultraproducida de nuestros extintos Titanes en el ring ), en donde valían toda suerte de agresiones y artimañas. Prevaleció el combate sucio antes que una puja en la que cada contendiente apostara a de­sencajar a su rival con propuestas o programas de gobierno.

Si un par de semanas atrás, en el primer asalto realizado en Long Beach, Hillary había ocupado el centro del cuadrilátero y salido beneficiada de los cruces ante un rival que no cometió excesos ni usó golpes bajos para evitar ser descalificado de entrada, en la noche de St. Louis abundaron chicanas, amenazas y gestos tribuneros y escasearon las recetas o concretas soluciones de Estado.

Como era de prever, uno de los primeros temas en aflorar fue el de las retrógradas, sexistas y lascivas afirmaciones del magnate condensadas en un video que data de más de una década atrás. Sin embargo, los contenidos ofensivos hacia las mujeres en 2005 fueron reafirmados en las últimas horas por Trump, con aclaraciones que oscurecieron hasta el dorado de su jopo impostado.

Cuando trató de restar importancia a sus frases de entonces, alegando que se trató de “típicas bromas que se hacen entre hombres”, el empresario ofreció a la exsecretaria de Estado un espacio ideal para que ella resaltara el desprecio y la misoginia que Trump ya ha demostrado.

Pero Hillary no pareció quedar tan bien parada cuando su contrincante republicano replicó que lo del video, divulgado justo cuando se conocían revelaciones de WikiLeaks que comprometían a quien fuera jefa de la diplomacia estadounidense entre 2009 y 2013, eran sólo palabras y no hechos como los que se imputaron a su marido allí presente.

Trump vio el flanco débil de su oponente y subió el tono al decir que las acciones del expresidente Bill Clinton habían sido abusos concretos que Hillary trató de ocultar con amenazas a sus víctimas. El magnate anunció que cuatro de esas supuestas víctimas estaban presentes, sentadas no muy lejos del denunciado como abusador, exinquilino de la Casa Blanca entre 1993 y 2001.

A esa altura de la lucha, sólo faltaba que alguien del público saltara al imaginario ring con el vestido de Monica Lewinsky usado para las pruebas de ADN en el impeachment que desnudó más que un escándalo en torno al Despacho Oval.

La repetida doble moral

Paréntesis para otra muestra de doble moral. Así como no fueron sus acciones de gobierno, ni los “ataques quirúrgicos” que devastaron los Balcanes a puro “daño colateral”, sino las mentiras sobre su infidelidad las que pusieron a Bill Clinton al borde de la destitución a fines de los ’90, causaron más repulsa entre sus correligionarios republicanos los dichos de Trump de 2005 que sus promesas de amurallar la frontera con México o prohibir la entrada a los musulmanes.

La pelea de antenoche, con guion de reality show , siguió con más cruces y descalificaciones: “Por fortuna, Trump no está a cargo de la ley de este país”, disparó ella. “Porque estarías en la cárcel”, retrucó de inmediato él.

Después de tanto estiércol revoleado, vendrían algunas alusiones a tópicos internos, como desempleo, inmigración y economía; o internacionales, como la guerra en Siria, o el Estado Islámico.

Y al final, un tibio elogio del rival, y la mano que no se habían dado al inicio del cara a cara.

Sondeos de varios medios, cada vez más comprometidos con su causa, vieron ganadora a Hillary, pero también destacaron que Trump sorprendió no sólo a sus incondicionales sino también a quienes le sugieren cederle el lugar a su vice, Mike Pence.

Si no ocurre nada raro, el último round de los debates será el miércoles 19 en un escenario acorde: Las Vegas.

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