Senado decide hoy si Dilma Rousseff abandona el poder

Después de haber jugado todas las cartas que le quedaban en la manga para evitar el juicio político, el tiempo de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff , parece haberse acabado y se prepara hoy para enfrentar la decisiva votación del plenario del Senado de Brasil que decidirá si suspende o no a la mandataria de su cargo por hasta 180 días.
La expectativa es que Rousseff, que está acusada de haber cometido un "delito de responsabilidad" por haber maquillado las cuentas públicas y haber ocultado el déficit en el presupuesto, quede hoy apartada de la presidencia de Brasil, después de una sesión que será histórica y que está previsto que comience a partir de las nueve de la mañana y que podría durar más de 20 horas.

La expectativa es que Rousseff, que está acusada de haber cometido un "delito de responsabilidad" por haber maquillado las cuentas públicas y haber ocultado el déficit en el presupuesto, quede hoy apartada de la presidencia de Brasil, después de una sesión que será histórica y que está previsto que comience a partir de las nueve de la mañana y que podría durar más de 20 horas.

Los números al gobierno le juegan en contra: todas las encuestas indican que por lo menos 50 diputados votarán a favor del impeachment de la presidenta. Son necesarios 41 votos, de un total de 81 senadores, para que Rousseff se vea obligada a abandonar el Palacio del Planato y asuma de forma interina el vicepresidente Michel Temer, a partir del momento en que Dilma queda notificada, y hasta que el Senado dicte la sentencia final.

El gobierno trató ayer hasta último momento de evitar el impeachment y en un intento casi desesperado le pidió a la Corte Suprema de Brasil que anule el juicio político. Cuando faltaban menos de 24 horas para que comenzara la votación en el Senado, la Abogacía General de la Unión, que defiende a Rousseff, aseguró que el proceso debería quedar anulado ya que el origen del pedido de impeachment está motivado por una venganza personal del suspendido presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que fue separado de su cargo la semana pasada acusado de corrupción y de obstrucción a la justicia.

Cunha le dio luz verde al pedido de destitución de la presidenta en diciembre pasado, poco tiempo después de que parlamentarios del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) votaron a favor de abrir una investigación por corrupción contra el ahora destituido diputado.

Pero el pedido que el gobierno hizo ayer ante la Corte Suprema no fue el único intento de frenar el impeachment que hubo en los últimos días. Anteayer, el presidente interino de la Cámara de Diputados, Waldir Maranhao, que asumió en lugar del suspendido Cunha, decidió anular la votación del pasado 17 de abril en la Cámara baja que aprobó el pedido de juicio político, pero la medida no prosperó y el mismo Maranhao, en lo que dejó en evidencia la fragilidad de los políticos en Brasil, dio marcha atrás y revocó su propia decisión.