Cristina busca al PJ, en defensa propia

Oscar Parrilli, al servicio de Cristina Fernández de Kirchner, se encargó personalmente de llamar uno por uno al medio centenar de intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires, para asegurar hoy una asistencia masiva en la cita armada por la ex presidenta. El objetivo es evidente: llenar con la foto de esta tarde el vacío de jefes territoriales registrado la semana pasada, frente a los tribunales de Comodoro Py. Hasta allí llegó el trabajo del secretario. Nada asegura un pronunciamiento lineal de los invitados y menos aún que muchos de ellos, después, expliquen su presencia invocando un gesto de cortesía y sentido común, aunque sin señales de reconocimiento a la jefatura vertical que empezó a descomponerse el 10 de diciembre. Difícil para ellos, de todos modos, evitar que la imagen sea interpretada como un gesto solidario frente al complicado panorama judicial de la anfitriona.
Fernández de Kirchner y su círculo más próximo saben que necesitan del peronismo orgánico como nunca antes, o al menos como no se lo reconocieron durante los años de poder en Olivos. La concentración del miércoles fue festejada por el kirchnerismo duro, pero algunos de sus referentes, los que expresan cierto grado de lucidez política, ven con preocupación la tendencia –por momentos lenta y a veces sinuosa– de distanciamiento expuesta por buena parte de los dirigentes con peso local. Ese proceso inacabado alcanzó para expresar la peor sombra sobre el futuro de la ex presidenta: el desvanecimiento de lo que imaginaba como un blindaje político frente a una justicia tímida. En los dos terrenos, el político y el judicial, las cosas no son como pensaba el kirchnerismo.
Fernández de Kirchner y su círculo más próximo saben que necesitan del peronismo orgánico como nunca antes, o al menos como no se lo reconocieron durante los años de poder en Olivos. La concentración del miércoles fue festejada por el kirchnerismo duro, pero algunos de sus referentes, los que expresan cierto grado de lucidez política, ven con preocupación la tendencia –por momentos lenta y a veces sinuosa– de distanciamiento expuesta por buena parte de los dirigentes con peso local. Ese proceso inacabado alcanzó para expresar la peor sombra sobre el futuro de la ex presidenta: el desvanecimiento de lo que imaginaba como un blindaje político frente a una justicia tímida. En los dos terrenos, el político y el judicial, las cosas no son como pensaba el kirchnerismo.
Visto así el panorama, la política de la ex presidenta no puede calificarse como un retorno a la ofensiva, sino más bien como un regreso pensado a la defensiva. Ese sentido tuvo la marcha de la semana pasada, lejos de la cifra de concurrentes deseada aunque nutrida, y la agenda que busca desarrollar desde su Instituto Patria, a unos metros del Congreso y a nueve cuadras de la sede del PJ, distancias geográficas menos significativas que la lejanía que va imponiendo la política. El objetivo es tratar de recomponer una lealtad desarmada –disciplinamiento, en rigor– y mostrar densidad política de apoyo más allá de los pronunciamientos críticos sobre la causa del dólar futuro: un acompañamiento demasiado módico frente a ese tema y difícil de generalizar frente a investigaciones vinculadas con casos abiertos de corrupción.
Hasta anoche, el kirchnerismo duro se aseguraba la presencia de casi todos los intendentes peronistas. No sólo de los propios como Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Juan Patricio Mussi (Berazategui), sino además de los “dialoguistas”. En esa última franja se anotan exponentes de diverso pasado reciente: Gustavo Menéndez (Merlo), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Ariel Sujarchuk (Escobar), entre otros.
Pero hay diferencias. Mientras los kirchneristas duros desearían algún tipo de pronunciamiento de respaldo a la ex presidenta, los otros se amparan en los buenos modales para aceptar la invitación, pero no descartan expresarse luego para marcar distancias. “No vamos a actuar como empleados de nadie”, dice uno de ellos, y sostiene que el nuevo liderazgo del peronismo debería expresar no sólo una renovación de nombres, sino además de estilo, con demanda de lugar protagónico para los referentes territoriales. 
Esa línea ya se la adelantaron al titular del PJ bonaerense y ex intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, que algo sabe de poder local y de los problemas que conlleva dejar de ser intendente. El mensaje de ese conjunto de jefes comunales incluye a Daniel Scioli: no cuestionan su lugar en el Consejo Nacional, detrás de José Luis Gioja, pero no lo reconocen como representante de ellos mismos. La señal, por supuesto, es más amplia: dicen no estar dispuestos a disciplinarse por orden de la “legión camporista”.
Valen además un dato previo a la cita de esta tarde. El círculo de la ex presidenta busca trazar una línea de continuidad entre este encuentro y la pasada reunión con los diputados del Frente para la Victoria. La realidad de los legisladores K es diferente en cada Cámara: dirigen el bloque, hoy minoritario, en Diputados y son minoría en el poderoso bloque de senadores, que viene sintonizando sobre todo con los gobernadores peronistas. 
Ese cuadro en el Congreso explicó el aval a la ley para salir del default, y tiene cierto parentesco con lo ocurrido en la Legislatura bonaerense. Allí, la presión de varios de los intendentes peronistas citados hoy terminó fracturando los bloques y fue vital para la sanción de las leyes centrales reclamadas por María Eugenia Vidal.
Fernández de Kirchner intenta forzar la interna para recuperar espacio y, también, para asegurarse un sistema de protección política que algunos en sus cercanías daban por garantizado. En Comodoro Py, la ex presidenta registró las ausencias y desafió también a ellos: dijo contar con los “fueros del pueblo”, consigna de matriz antidemocrática y, además, imaginaria.

EDUARDO AULICINO/CLARÍN

RADIO ESCUCHAS DE SENSACIONES EN FACEBOOK

RADIO ESCUCHAS DE ANDRES ZARZUELO EN FACEBOOK GRUPO